Una huerta en el balcón, una ensalada en la mesa

Especialistas cuentan por qué y de qué forma intentar generar el propio alimento y lanzarse a la aventura de ver crecer a las plantas. El complemento indispensable, el compost casero, que reduce la basura y multiplica los nutrientes para las plantas y las comidas.

Por M. J.


En el Grupo Agricultura Urbana Rosario, más conocidos como “los huerteros”, son terminantes: “el consumo de alimentos es un acto político”. Frente a esta afirmación, y el conocimiento del autoabastecimiento del ciclo de la naturaleza, la posibilidad de mantener una huerta pesa, al menos como un ensayo.

Prohuerta es un programa del Estado nacional orientado a la Soberanía y Seguridad Alimentaria desde la agroecología que “se pensó, en la década del 90 dentro de las políticas focalizadas al alivio de la pobreza. Sin embargo, desde 1998 la cosa rápidamente empezó a tomar vuelo propio, y a medida que pasó el tiempo, sus objetivos evolucionaron”, según cuenta Francisco Pescio, Ingeniero Agrónomo del programa en el área Metropolitana de Buenos Aires. “Aun desde los sectores más empobrecidos, la demanda fue otra: se empezó a trabajar la producción agroecológica como forma de generar ingresos dignos para la familia, de autogenerar empleo. A partir de ahí se trabaja en cuestiones de agregado de valor, en comercialización de productos agroecológicos como verduras, plantines, abono, y otros”.

El ingeniero cuenta que en la ciudad de Buenos Aires 800 escuelas públicas hacen huerta y que el programa tiene registrado alrededor de 600.000 huertas activas en el 90 por ciento de los municipios del país. Esto significa alrededor de 3 millones de personas involucradas en a lo largo de estos 18 años de proyecto. “El Prohuerta ofrece talleres sobre cómo armar la huerta, hay materiales para descargar y se reparten las semillas (en los talleres o sedes del INTA). Recomiendo el libro ´Mi Casa, Mi Huerta´, pensado para aquellos que quieren hacer la huerta y no tienen tierra: macetas, balcones, terrazas. El libro es de descarga gratuita y allí se recopilan diferentes técnicas útiles para este tipo de huertas”, aporta el Pescio.

Con las manos en la tierra

Gentileza Un Árbol para mi vereda

“Para producir comida, hay que laburar. La lengua no mueve la pala. Hay cosas que tienen que hacer los gobiernos y hay otras que podemos hacer nosotros, por nosotros mismos, nuestras familias y el Medio Ambiente, que es nuestra casa”, arenga en tono convencido Martín Chas del programa de Flora Nativa de la Fundación Protágonos. Chas se ocupa, en Gualeguaychú, de capacitar a presos en la producción de alimentos y trabaja también en programas para combatir las adicciones a través de la horticultura. Asegura que es posible conectar con la tierra, inclusive en un balcón, además de que se puede producir comida aunque sea en dos metros de diámetro. Resalta como principal beneficio de la huerta la alimentación sana. “A fin del año pasado cayó una inspección al Mercado Central y está todo fumigado, todo contaminado”, asegura y aclara que “lo que se come, no se fumiga”. También agrega con todo convencido que “tener pasto es un lujo”, toda porción de tierra disponible puede ser fuente de alimentos”. Vestido de jeans y con una actitud muy fresca, como asegura que son las verduras que produce en su quinta y de las que alimenta a sus hijos, los consejos de Chas -que dicen usar buena calidad de semillas, abonar la tierra y estar, mirar las plantas- se resumen en uno, “aprender de los errores y probar”.

Compostar es producir abono

“Podemos reducir alrededor del 50 por ciento de basura que sacamos a la calle haciendo compost”, asegura Lisandro Grané, coordinador de la Organización sin fines de lucro Un árbol para mi vereda, que tiene el objetivo de recuperar el verde de las ciudades y generar conciencia ambiental a través del rescate, cría y distribución de vegetación autóctona. Así arrancaron la reforestación de la Reserva Ecológica Costanera Norte, por ejemplo, a través de una plantación colectiva de especies nativas detrás de Ciudad Universitaria.

¿Por qué compostar? Gané describe: “La razón más trascendente es que lo que uno desecha se transforma en nutriente para las plantas. Cambia el concepto de lo que es basura. Entramos en una, si se me permite la expresión, transmutación alquímica”. Alquimia natural y sus efectos en los hogares, que según el director de Un Árbol para mi Vereda, una vez que somos testigos de la transformación de lo que no queremos ver, “de lo que va cerradito en la bolsa para que se pudra en otro lado, empezamos a relacionarnos mejor con la casa y a conectar con nuestra supuesta basura”, comparte.

“El compostaje es un proceso relativamente sencillo. Generalmente, los mayores problemas están dados por el balance de residuos que agregamos. El proceso es muy parecido a hacer pan, ya que se trata del trabajo de microorganismos”, suma Pescio de ProHuerta.

Transmutación. Algo deja de ser una cosa y pasa a formar parte de otra. Los desechos orgánicos se transforman en tierra. Negra, granulada fina, en pocas semanas lista para ser el sostén de otra planta que crece. “Una vez que empezamos a ponerle compost a las plantas, explotó la alegría del hogar, todo reverdece”, se contenta Gané.

Instrucciones a cargo de la Red de Compostaje:

qué es el compost: 

cómo armar una compostera:

consejos para que salga bien:

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