Oportunidades para optimizar el negocio minero – Mejorar las condiciones laborales y erradicar la informalidad

Debemos promover la tarea de tener trabajadores comprometidos con el desarrollo de la minería, como parte del desarrollo de una verdadera cultura minera.

“En San Juan, no hay compromiso con la actividad minera, solo hay oportunismo… y no es lo mismo que oportunidad… Andrea Polizzotto.”

Ser un empresario de éxito es una combinación del conocimiento adquirido en las aulas universitarias y tener la capacidad de realizar un máximo esfuerzo de trabajo manteniendo la calidad, sobre todo en el inicio de las operaciones. Eso sí, manteniendo la visión del negocio y liderando un equipo alineado a los objetivos corporativos.

 

En esto último, si los trabajadores encuentran diferencias con sus pares o se encuentran insatisfechos, se creará inestabilidad en ellos y falta de compromiso. Un informe del Observatorio de Conflictos de América Latina (OCMAL), menciona que apenas el 34% de los trabajadores del sector tiene una relación directa con la empresa minera.

 

 

 

Esto es clave para medir la calidad del empleo que genera la minería y saber cuántos de los puestos que se crean responden a lo que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) define como decente:

 

“…los trabajadores contratistas no gozan de las mismas condiciones laborales y los mismos derechos de los que trabajan de manera directa para las mineras. OIT”

 

Las condiciones laborales diseñadas hace más de 20 años permiten, que no sean las empresas mineras las que generen el principal empleo directo en el sector lo que impacta además negativamente en la productividad laboral. Según estudios de Sora, Caballer y Peiró (2010) con el apoyo de la Comunidad Europea, la inestabilidad laboral disminuye la satisfacción en el trabajo y la entrega a la empresa, a la vez que alienta la intención de abandonar ésta.

 

Por otro lado, la informalidad minera trae consigo un alto costo para la sociedad, ya que evade impuestos, no tiene respeto por las zonas privadas ni ecológicas, no cumple con las normas del medio ambiente e incumple las leyes de seguridad, además de sus altos costos sociales.

 

En la última década se han otorgado miles de derechos mineros sin tomar en consideración los derechos adquiridos, y que se sobreponen a tierras de comunidades nativas, concesiones para ecoturismo, áreas naturales protegidas, propiedades agrícolas, concesiones forestales y concesiones para reforestación. La sobre posición ha creado un enorme desorden y es fuente de continuos conflictos socioeconómicos, que aumentan en forma creciente.

 

En ese sentido, independientemente del hecho de quién haya asumido la presidencia, el gobierno y las distintas fuerzas políticas en el congreso, deberán lidiar con un problema social y ambiental bastante complejo que necesita profesionales capacitados y con experiencia para dar soluciones como las circunstancias lo requiere.

 

Necesitamos mejorar la normativa de trabajo, para subsanar los elementos que inhiben la contratación formal. Sin embargo, los empresarios deben ir más allá de la norma para que los trabajadores se sientan satisfechos, lo que generará compromiso.  Además, debemos erradicar la informalidad que significa un gran perjuicio y alto costo para el país. Esto nos llevará a promover la inversión, optimizar las operaciones mineras y crecer de manera sostenida.

 

También debemos buscar y sostener la diferenciación de roles, Empresa Minera, Estado y Privados, y que cada uno cumpla y desarrolle su rol sin inmiscuirse en el que le compete al otro, siempre en un camino de interconexión necesario.

 

Vemos como cada vez más, los directivos se creen dueños de la verdad y someten a una comunidad, cansada, hastiada por malas políticas de gobierno, por falta de control necesario y por legislaciones laxas o ambiguas, que lo único que hacen es llevar a una gran confusión. 

 

Frente a este panorama, es la comunidad y los prestadores y proveedores privados quienes pierden, ya que quienes deben velar por ellos no lo hacen, y solo encuentran representatividad, derechos y privilegios algunos cercanos al poder de turno.

 

Creo que mientras no tengamos una política limpia y libre de corrupción, dirigentes y funcionarios que entiendan que su función es publica, que no están al frente del estado para hacer negocios sino para dar oportunidades a todos y cada uno de los ciudadanos y empresarios que están en la cadena de valor, nada va a cambiar.

 

Lamentablemente la corrupción escala y llega a cada estamento y sector, ni toda la culpa la tienen las compañías, ni toda la culpa la tiene el gobierno. La responsabilidad es de todos los ciudadanos, que somos quienes debemos controlar y velar por un mejor y más justo estado de derecho.

 

La corrupción no está en las instituciones, la corrupción está en las personas. Y cuanto mejor control hagamos mejor va a funcionar.

 

Hoy los medios de comunicación, llamados por muchos el cuarto poder, debemos abandonar la pasividad y empezar a actuar. No podemos dejar que no callen o sobornen con migajas, y quien no cumpla su rol, quien no desempeñe su función como corresponde tendrá que irse, pero no irse en silencio, deberá responder ante la sociedad, y si la Justicia actúa, que actué contra todos por igual.

 

Dejemos como comunidad de ser pasivos y conformarnos, dejemos de complacer lo que piden o exigen, seamos leales a nosotros mismos y leales a nuestra comunidad, que quienes deben trabajar para nosotros porque les pagamos un sueldo, son ellos y no la sociedad cansada de pagar la fiesta de todos con impuestos y tarifas cada vez más altas y difíciles de sostener.

 

DESPERTEMOS COMO SOCIEDAD Y EXIJAMOS NUESTROS DERECHOS… Y EL QUE NO CUMPLA TENDRA QUE IRSE… 

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