Suenan hasta graciosas las críticas en las redes sociales al gobernador Sergio Uñac por viajar a China junto al presidente Mauricio Macri. Es que no hay lógica en esos comentarios bajo ningún punto de vista, ya que el viaje implica cumplir con una obligación institucional y, al mismo tiempo, obtener un beneficio importante para la provincia. Entonces, evidentemente son fruto de la escasa capacidad que tienen algunos dirigentes peronchos para satisfacer su molestia tras haber quedado fuera del juego, gracias a su edad o a una pertenencia distinta. Ni siquiera los opositores han cuestionado el viaje, ni lo harían. Esas críticas, se puede afirmar, son la prueba más fiel de que hace falta un cambio de estilo, hecho que podría llamarse «renovación», aunque, para llegar a eso, aún falta un trecho largo.

Si todo sale como esperan, Uñac se traerá de China la aprobación del crédito por 823 millones de dólares que financiarán la construcción de El Tambolar, el cuarto dique sobre el lecho del río San Juan. Incluso la expectativa del pocitano es que antes que termine este año empiece el desembolso de fondos. La provincia ya empezó las obras con plata propia, que luego recuperará a medida que el banco chino vaya girando fondos.

Los chinos financiarán a un plazo de 20 años, con un periodo de gracia de 5 años y una tasa única por lo baja, del 3%. Actualmente hay unas 400 personas trabajando en la obra, pero esperan tomar unas 300 o 400 más este año si es que logran que llegue parte de los fondos antes de que termine este 2017. Y se prevé que en la etapa de mayor contratación, sean unas 1.500 las personas que trabajen para el emprendimiento sanjuanino.

Estamos hablando de guardar agua en una provincia donde ese bien escasea como en casi ninguna otra del país. ¿Quién podría oponerse a eso? Bueno, hay algunos que lo hacen: «A q juega uñac q se decida o es peronistas o es del pro no me gusta la gente q juega a dos puntas x no decir traidor q a lo mejor me puedo equivocar muy raro», fue el mensaje textual de una «lectora» de este diario. Y no fue la única. Son esas viejas formas las que hay que cambiar: importa más la comidilla local que lograr algo positivo para el conjunto. Para los que votaron a Uñac y para los que prefirieron a otro.

La base de la buena imagen de Macri es que no se pelea. Lo mismo pasa, por ejemplo, con el intendente de Santa Lucía, Marcelo Orrego, hoy uno de los intendentes de mejor imagen de la provincia. O con el actual jefe comunal de Rivadavia, Fabián Martín, sólo por nombrar un par. Sólo se los observa en cuestiones positivas.

En el Gobierno están en ese rumbo, el de abandonar las viejas estructuras y los actores que tienen mañas antiguas. Tuvieron que bancarse algunos personajes que les impusieron, pero que de a poco van corriendo de escena. Y tal vez más lento que en el Ejecutivo, pero en el peronismo también está pasando lo mismo. Hay un necesario cambio de estilos que casi se impone a gritos. Y el estilo no es sólo la edad, es la manera de hacer las cosas. No se sabe si mejor o peor, porque eso se verá con el tiempo, pero distinto. También deberá pasar en la oposición, obviamente.