Facundo Manes dice que está convencido de que la riqueza de un país se mide por el capital humano, la educación, la ciencia y la tecnología, y que allí está la base del desarrollo social. Este neurólogo hace varios años que recorre la Argentina brindando charlas con el fin de invitar a la sociedad civil a comprometerse con la construcción de una sociedad del conocimiento. En esta entrevista están los principales ejes de su pensamiento, con los que sostiene que se puede cambiar el destino del país.

 

 

– ¿Qué es la revolución del conocimiento? 

– El mundo se ha transformado. La gran apuesta en este siglo XXI debe ser la investigación, la educación, la ciencia y la tecnología. Muchos países más pobres en recursos naturales que la Argentina se han convertido en naciones fecundas gracias a la inversión en estos pilares. Porque hoy la clave para el crecimiento de un país está en el desarrollo de las ideas, de la creatividad y el conocimiento. El conocimiento, además, fortalece el vínculo entre las personas y, a través de esto, la conformación armónica de su tejido social. La revolución del conocimiento tiene que ver con esto y es la sociedad en su conjunto la que debe reclamar una educación de calidad para todos, en un contexto en el que los niños estén bien nutridos, con un sistema educativo que reconozca el valor prioritario de los docentes y una inversión cada vez mayor en la investigación científica y en el desarrollo tecnológico.

-¿Por qué el conocimiento debe ser la gran apuesta como nación? 

– Porque indudablemente la educación es el verdadero pilar de la igualdad de oportunidades y del crecimiento de un país. Es un factor de integración social y de creación de ciudadanía. Hablar de educación es apostar a un crecimiento económico, pero también abarca la mejora de las condiciones sanitarias de la población, al cuidado del medio ambiente, a la igualdad de género, al reconocimiento y cuidado de las personas mayores. Se trata de una evolución sustentable, integral y profundamente humana de la sociedad argentina.

-¿Cuáles son las consecuencias de la pobreza en este contexto? 

– El contexto de pobreza condiciona el desarrollo de las personas. Es muy difícil que alguien que no tiene las necesidades básicas satisfechas no esté pensando día y noche en cómo lograr satisfacerlas, enfocarse en lo inmediato, en lo urgente. ¡Eso obviamente no es igualdad de oportunidades en el presente, pero tampoco para el futuro! Lo que debemos entender es que, cuando hablamos de la apuesta por la educación, también implica apostar por reducir los niveles de pobreza del presente y del futuro.

-¿Cómo afectan el hambre y la desnutrición al cerebro?  

– Antes que nada quiero decir que un solo chico con hambre en nuestro país representa un imperdonable fracaso como comunidad. ¡Un país que produce alimentos que podrían alimentar a 400 millones de personas no puede tener a nadie que pase hambre! Como dijo el expresidente Raúl Alfonsín en su famoso discurso en la avenida 9 de Julio de Buenos Aires: en nuestro país hay hambre no porque falten alimentos sino porque sobra inmoralidad.

El hambre y la desnutrición provocan un efecto gravísimo en las personas. Diversos estudios han comprobado que la desnutrición tiene un impacto negativo en el desarrollo cerebral, impacta en su maduración. Las carencias nutricionales traen aparejadas deficiencias cognitivas. Por ejemplo, el hierro es uno de los nutrientes más importantes durante el crecimiento de los niños. Su carencia en los primeros años de vida está asociada con desempeños deficitarios en el lenguaje, la motricidad y las áreas socioafectivas. Además, la malnutrición genera también angustia, depresión y estrés. Un niño pequeño que está frecuentemente ligado a situaciones de carencia experimenta una activación persistente del llamado «sistema neuroendócrino» que controla las reacciones al estrés a través de la liberación de hormonas. A causa de ello, pueden aumentar los niveles de cortisol de manera crónica y afectar de manera negativa el desarrollo cerebral dañando neuronas en las áreas asociadas a las emociones y el aprendizaje. Ahora bien, hay un dato que es clave: los problemas que genera la malnutrición no son irreversibles y es por eso que como comunidad debemos revertir esta situación de manera urgente.

«Hay que saber que cuando hablamos de la apuesta por la educación, también implica apostar por reducir los niveles de pobreza del presente y del futuro».

-¿Cómo interactúan el conocimiento y la democracia? 

– El conocimiento y la democracia interactúan en un círculo virtuoso. Se ha observado que los países con mayor inversión en conocimiento tienen niveles bajos de tolerancia a la corrupción. Además, tienen mayores niveles de participación ciudadana. El conocimiento ofrece un potencial invalorable para que los países puedan promover el bienestar social. De esta manera, se logra la conformación armónica del tejido social porque la educación también promueve la tolerancia hacia otras culturas, religiones y grupos étnicos y la construcción de una sociedad pacífica, solidaria e integrada.

-¿Por qué no se trabaja lo suficiente para potenciar el conocimiento? 

– Creo que tiene que ver con que los argentinos vivimos en la sala de emergencias, para hacer un paralelo con un hospital. Y olvidamos que también allí son fundamentales los espacios de prevención y de investigación. Por supuesto que hay que actuar ante las emergencias, pero tenemos que empezar a trabajar para que las mismas emergencias no sucedan todo el tiempo. Hay que saber prever, mirar al mediano y largo plazo. Para eso tenemos que pensar todos juntos en el presente y en el futuro, planificar un proyecto de país. Y, en esto, la revolución del conocimiento es clave. La educación, la ciencia y el conocimiento son el único camino hacia una sociedad más justa y próspera.

-¿Cómo se puede hacer para que el tema se internalice en la agenda pública del gobierno? 

– Es la sociedad civil la que tiene que reclamar conocimiento. Así como en el ’83 todos pudimos unirnos para demandar democracia y la conseguimos, hoy tenemos que reclamar este ecosistema del conocimiento.

-¿Y para interesar a la sociedad en su conjunto? 

– Tenemos todos que difundir la importancia de la sociedad del conocimiento y cada uno desde su rol trabajar para conseguirla. Debemos comprometernos en ayudar a que nuestra sociedad sea equitativa. Es menester empezar a trabajar como si todos los argentinos estuviéramos conectados como una sola persona. Si un chico hoy no puede comer en cualquier rincón de nuestro país, debemos sentir a ese niño como si fuera nuestro propio hijo; si hay un desocupado en el frío sur argentino, debe ser nuestro hermano; si un jubilado no puede pagar su medicación, nos tiene que importar como si fuera nuestro padre o abuelo.

«La educación, la ciencia y el conocimiento son el único camino hacia una sociedad más justa y próspera».

-¿Cómo se puede pensar esto para una provincia como San Juan? 

– San Juan, además de tener unos de los paisajes más hermosos del país, es una provincia que cuenta con un pueblo solidario. Como decíamos antes, hoy el foco tiene que estar puesto en el capital humano, en su formación educativa, su creatividad. Debemos otorgarles valor agregado a los productos, debemos agregarles cada
vez mayor inteligencia e innovación.

Datos biográficos 

Facundo Manes nació en Quilmes y creció en Arroyo Dulce y Salto, al norte de la Provincia de Buenos Aires. Es neurólogo y neurocientífico, graduado en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, donde obtuvo su Doctorado en Ciencias.

En 2001, regresó a la Argentina y creó el Instituto de Neurología Cognitiva, Ineco, y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. También creó y preside la Fundación Ineco para la investigación en neurociencias cognitivas.

Es rector de la Universidad Favaloro y profesor de prestigiosas universidades del exterior.

Como investigador ha publicado más de 200 trabajos científicos originales en las más prestigiosas revistas internacionales de su especialidad como Brain, The Lancet Neurology, JAMA Neurology y Nature Neuroscience. El Dr. Manes es permanentemente invitado a dar conferencias en distintas partes del mundo y ha participado en prestigiosos foros científicos internacionales como la «Royal Society of Medicine» (Londres) y la «New York Academy of Sciences», entre otros.

Su área actual de investigación es la neurobiología de los procesos mentales, particularmente los mecanismos neurales involucrados en la toma de decisiones y la conducta social. Su equipo ha trabajado intensamente en el desarrollo de baterías cognitivas y tests de screening destinados a facilitar el diagnóstico temprano de las demencias.

Cree en la importancia de la divulgación científica en la sociedad. Condujo el programa «Los Enigmas del Cerebro» y «Cerebro argentino» en la televisión argentina y escribe artículos de divulgación científica en la prensa nacional e internacional. Es el autor también de los libros Usar el cerebro. Conocer nuestra mente para vivir mejor y de El cerebro argentino. Una manera de pensar, dialogar y hacer un país mejor (editorial Planeta).