La economía, como una dependencia psicológica – JORGE LANATA

El veto sin pelea, en todo caso, hubiera sido el mensaje de un gobierno firme.

Una pizarra con la cotización del dólar en la city porteña. (Foto: Fernando de la Orden)

Una pizarra con la cotización del dólar en la city porteña. (Foto: Fernando de la Orden)

 La economía es una ciencia menor, que depende de la psicología. Es obvio que a los economistas les duele reconocerlo, pero los números se basan en la fe y no hay mejor ejemplo de ella que el dinero mismo.

La fe mueve la Bolsa y los cálculos del circulante, el dólar futuro y las proyecciones de inflación. Es una especie de Ley de la Gravedad movida por la voluntad: si creemos que las cosas suben, suben. O al revés.

Los períodos de estabilidad son, en el fondo, momentos del mayor fanatismo ciego: nadie hace olas en un mundo constituido por un 71% de agua. Pero en algún momento la ilusión se rompe: un compañerito, en un recreo, nos dice que los Reyes son los padres. Y entonces, como decía Sartre, la Verdad es una venda que nos cubre los ojos y que, una vez, corrida, nunca vuelve al mismo sitio.

La cotización de dólar en una casa de cambio el viernes en Buenos Aires. (Foto: Télam)

La cotización de dólar en una casa de cambio el viernes en Buenos Aires. (Foto: Télam)

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Tropezar dos veces con la misma piedra

El gobierno de Mauricio Macri comenzó queriendo cruzar la Cordillera y hoy, en la mitad de su período, pelea en el barro el monto de la tarifas. Con una oposición desarticulada y oportunista, hoy el gobierno es el peor enemigo de sí mismo.

Su estrategia de pelear en el Congreso el “desajuste” tarifario y, a la vez, anunciar oficialmente el veto reúne lo peor de las dos soluciones: dar una pelea que perderán y, al mismo tiempo, exponerse al mote de autoritarios.

El veto sin pelea, en todo caso, hubiera sido el mensaje de un gobierno firme. El veto en el barro suena a retirarse del partido llevándose la pelota a casa.

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Pero todo esto no empezó así. Empezó con un grupo de gerentes amables, pero fríos, anunciando una serie de objetivos que, con el correr del tiempo, no pudieron cumplir. Es serio y eficiente anunciar las metas, siempre y cuando estas se cumplan. Lo contrario inspirará ternura la primera vez, molestia la segunda y desconfianza la tercera.

El Banco Central fue independiente hasta que tuvo, de pronto, comando múltiple. El dólar flotó libre como un pececito hasta que fue puesto en su sitio a fuerza de pecera. Las paritarias tuvieron techo, piso y calefacción central. Y otro día descubrimos que, como en los últimos cuatrocientos treinta y ocho años, el precio de la nafta y el del dólar influían en los precios minoristas.

¿Qué curioso, no?

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Argentina se empecina en seguir siendo lo que es. El modelo de financiar el déficit con deuda ya empieza a advertir, con temor, que las tasas suben. “Nos perjudica el mundo”, dicen. Nunca lo había escuchado. El gobierno dice que en el segundo semestre las cosas mejorarán. Es una cuestión de fe. Justamente lo que se ha perdido.

Frente a la pérdida de fe la respuesta del Gobierno, este viernes, fue repetir el Credo.

Dujovne y Caputo dieron un discurso técnico que bien podría haber sido un conference call entre los grupos financieros.Macri, que debía haber dado un discurso político, no lo hizo.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, junto a su par de Finanzas, Luis Caputo. (Foto: DPA)

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, junto a su par de Finanzas, Luis Caputo. (Foto: DPA)

Se anunció una reducción de obra pública y un confuso mayor control fiscal, en el país del 40% de la economía en negro y que aún no logró que los comerciantes y profesionales incorporen el posnet, aunque ya lleva más de un mes como ley en vigencia.

La misteriosa llegada de un millón en el último minuto del cierre del mercado cambiario del jueves hizo que el dólar subiera y, luego del discurso, comenzara a bajar. Debe hacerse notar que, durante el discurso, el Toto no le paso a Dujovne ningún papelito con un emoji.

Es evidente que hay un cambio entre nosotros.

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