Industriales en tiempos de reformas

Industriales en tiempos de reformas

Empresarios industriales huelen nuevos vientos y actúan en consecuencia. Nunca como en el último año quedaron más habilitados para que sus propuestas y necesidades tengan eco en el Gobierno. En privado, festejan también una transformación y un diálogo frecuente y reservado con el sindicalismo, que a su juicio les permitirá, en no mucho avanzar con acuerdos impensados poco tiempo atrás.

Aunque lejos de la “violencia” de la reforma brasileña, esperan acuerdos consensuados para aumentar la competitividad.

El Gobierno ya anticipó un camino gradualista en materia laboral.

Para beneplácito industrial, lejos de la brasileña, los alienta la reforma del mercado laboral francés, una osadía de Emmanuel Macron, que impondrá por decreto una severa enmienda que limitará indemnizaciones, entre otras reformas.

No se trata de aplicarlas aquí, pero sí creen que son una inspiración para encarar el desmonte de algunas protecciones laborales, un objetivo competitivo global.

Algo de eso hablarán la semana próxima con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, quien irá a almorzar con el Comité Directivo de la Unión Industrial Argentina. Los empresarios lo recibirán con varias agendas. La principal, la de indicadores propios de recuperación dispar del sector. Pero enseguida, un rosario de temas a discutir. Ya tomaron posición por los elevados costos que pagan a las ART, que subió al 7,9% actual desde el 1,9% que era al principio del sistema.

Los preocupa abordar la problemática del ausentismo, que en las industrias está llegando al 20%. Los números que manejan en la UIA indican que en 71% de las empresas las ausencias cobraron significancia.

En ese contexto tocarán un eje delicado, que es el de las adicciones, que afectan no sólo el ausentismo. Aseguran que en los contactos reservados con altos dirigentes gremiales existe una preocupación común por las adicciones. Los bolsillos sindicales están, dicen, amenazados por las coberturas a las que se ven obligados para atender a los afiliados.

Incomprobable en forma pública, algunos empresarios aseguran que esos mismos dirigentes no sólo son conscientes del problema sino que apuntan a llegar a un acuerdo tripartito para abordar la temática.

El Gobierno no sería neutral, sino que pivotearía conversaciones, que del lado sindical tienen como inspirador y límite a las fuerzas de izquierda radicalizadas en comisiones internas, y crecientemente en diversos sindicatos. Pero también la propia supervivencia personal y proyección generacional de los sindicatos.

Se ven venir, y esto forma parte en las negociaciones con empresarios, un cambio de clima en el financiamiento de su actividad, a partir de la reforma del sistema de salud.

Ninguna señal les es ajena. La de la recuperación de la actividad, las encuestas preelectorales, y, sobre todo, la dispersión peronista. Confiesan y aspiran un cambio de aire, y están pendientes de buscarle la vuelta al recambio de cúpulas.

Paradójicamente, los industriales se convirtieron en un aliado. A pesar de que sus demandas apunten, aquí, como en San Pablo o en París, contra conquistas sociales amasadas en las calles.

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