El futuro de la minería está en el mar

Según National Geographic, en el subsuelo marino se acumulan unas 30.000 toneladas de oro. Y en muchas ocasiones, en yacimientos con una concentración muy superior a la de las minas terrestres, lo que facilita su extracción con el material adecuado.

 

Cada vez existe menos oro y plata por extraer en el subsuelo de la Tierra. Y el acceso a los depósitos que quedan es cada vez más complicado, por su entorno o la profundidad a la que se encuentran. De ahí que las principales compañías mineras del mundo están explorando los avances tecnológicos más modernos de cara a poder acceder a un coste asequible a esos yacimientos. No es extraño que muchas de ellas se estén planteando reabrir antiguas minas en desuso, que se consideraban agotadas, para acceder a nuevos depósitos a los que los mineros tradicionales de hace décadas ni siquiera soñaron con alcanzar.

Sin embargo, otras compañías están explorando (en el sentido literal de la palabra), nuevas posibilidades de explotación de minerales preciosos. Ya hemos hablado en Oroinformación de las primeras exploraciones mineras espaciales, que van a comenzar a ser una realidad a finales de este año 2017. Pero parece que el futuro de la minería de metales preciosos como el oro y la plata se encuentra en el fondo del mar.

Al menos, eso es lo que opinan desde la empresa canadiense Nautilus Minerals, la primera empresa del mundo especializada en la extracción de minerales del lecho marino, que tiene previsto comenzar las operaciones en la mina de oro, plata y cobre de Solwara 1, una explotación a algo más de 1.000 metros de profundidad cerca de la costa de Papúa Nueva Guinea. No es el único proyecto que tiene en marcha la compañía radicada en Toronto, que también desarrolla una futura mina submarina cerca de la costa de México.

Según Mike Johnston, CEO de Nautilus Minerals, en declaraciones a Seeker.com, la compañía espera tener lista la maquinaria submarina que van a utilizar en las exploraciones para mediados de 2018, con el objetivo de comenzar las operaciones en el Mar de Bismarck en 2019.

Entre la maquinaria que están desarrollando se encuentran perforadoras de roca del tamaño de una vivienda pequeña (ver imagen, cortesía de Nautilus Minerals), capaces de triturar las rocas más duras.

Como es lógico, este tipo de operaciones submarinas han despertado la preocupación por parte de diversas organizaciones de protección medioambiental, que temen que las perforaciones afecten al ecosistema acuático, puedan liberar elementos químicos tóxicos, como el mercurio, o provoquen vertidos de petróleo y combustibles procedentes de la maquinaria utilizada. Ello, además de disputas con el Gobierno de Papúa-Nueva Guinea, en cuyas aguas territoriales se van a desarrollar las operaciones de la mina de Solwara 1.

Para poder empezar a explorar el fondo marino, de cara al establecimiento de futuros proyectos de explotación, tanto las empresas como los países deben contar con una licencia de exploración concedida por la Autoridad Internacional del Fondo Marino (International Seabed Authority, ISA). Una organización establecida por las Naciones Unidas en 1994, encargada de proteger los océanos del impacto de la minería submarina.

Hasta el momento, esta autoridad ha emitido un total de 26 licencias, a países como Nueva Zelanda, Namibia, Fidji, Tonga Vanuatu y las Islas Salomón. Aunque las Islas Cook han abierto una licitación entre las empresas interesadas en la explotación mineral del fondo marino situado bajo sus aguas territoriales, Papúa-Nueva Guinea es el único país que ya dispone de licencia para la explotación.

La minería submarina puede representar una nueva carrera similar a la fiebre del oro, entre empresas y países interesados en obtener beneficios de una fuente cuya explotación ni siquiera se había planteado hasta el momento. Según National Geographic, en el subsuelo marino se acumulan unas 30.000 toneladas de oro. Y en muchas ocasiones, en yacimientos con una concentración muy superior a la de las minas terrestres, lo que facilita su extracción con el material adecuado.

Evidentemente, el acceso a los puntos más ricos constituye uno de los principales obstáculos, que el desarrollo de maquinaria controlada a distancia puede resolver.

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