El desafío de la competitividad: perspectivas de cada sector, del agro a las finanzas

La mayoría de las actividades económicas repuntaron este año. Para 2018 se espera que continúe el crecimiento, aunque aparecen las alertas por la mejora en la competitividad. La situación del campo, la construcción, la industria, el comercio, las finanzas y la energía.

 

El repunte, tal como se esperaba, está liderado por el campo en primer lugar y la Construcción, en segundo. En el último tiempo, aparecieron mejoras en la Industria y el consumo, ambas con mucha disparidad según el rubro: siguen en crisis sectores manufactureros como Textil, Calzado y Marroquinería, y algunos de Comercio Minorista.

Este piso de 2017 promete ya un crecimiento importante para 2018. El Gobierno lo calcula en el Presupuesto en un 3,5 por ciento, aunque los privados consideran que está un poco sobreestimado y aseguran que los valores finales estarán más cerca de 2,5 por ciento. La tracción estará dada por la soja, la carne vacuna, la construcción privada e inversiones en Minería y Energía. El sector financiero también ayudará al crecimiento.

“Empezamos a ver los resultados de los giros económicos que ha dado el Gobierno desde el año pasado”, opina Dante Sica, director de Abeceb. “Fue un año de transición y se comienzan a ver procesos de recuperación de todos los sectores a tasas bajas todavía. Algunos arrancaron primero como el Agro, que ya empezó su recuperación el año pasado, y otros más retrasados como el industrial. Por otro lado, vemos mejora en la inflación aunque todavía está por encima de lo que esperaba el Gobierno”, agrega.

“El año arrancó creciendo. La tendencia de crecimiento empezó en noviembre”, sostiene Fausto Spotorno, de Orlando Ferreres y Asociados. Y considera: “Hasta julio, lo que veíamos era un rebote porque estábamos retomando los niveles de actividad de 2015 y 2013. Pero la expectativa es que vamos a seguir creciendo. Hay sectores que ya sobrepasaron aquellos techos”.

El especialista propone, para evaluar cómo está cada uno de los sectores, distinguir entre rebote (volver al punto cero desde la caída del año pasado) y crecimiento real, que implica estar por encima de los niveles de 2015. Pero veamos en detalle cómo evolucionó cada sector de la economía este año, para saber también qué puede pasar el que viene. “Hoy nadie discute que hay un proceso de recuperación generalizada, a distintas velocidades, en la mayoría de los sectores. Y el año que viene eso se va a sostener”, asegura Spotorno.

El agro, el gran puntal

Desde que empezó el Gobierno de Mauricio Macri, se tomaron algunas medidas que resultaron fundamentales para que hoy el sector esté pasando un gran momento: eliminar las retenciones al maíz, el trigo y las economías regionales, y levantar las trabas para la exportación de productos primarios. Estas primeras medidas generaron un crecimiento inmediato en el sector, que en 2017 se consolidó tanto en la producción primaria como en toda la cadena de valor.

La cosecha volverá a tocar un récord, tras el techo alcanzado en 2016. Fuentes del sector indican que también aumentó la superficie sembrada y que hay récord de inversión, lo que conllevará buenos valores para los próximos dos años.

Según datos de la Sociedad Rural Argentina (SRA), este año se invirtieron US$ 58.000 millones en actividades productivas, aumentó el stock ganadero a 1,7 millón de cabezas (es decir, 700.000 cabezas más), crecieron un 23 por ciento las exportaciones de carne vacuna y el mercado argentino marcó un nuevo récord en consumo cárnico de 118 kilos por personas, lo que nos ubica como uno de los más altos a nivel mundial.

Siempre según la SRA, en Agricultura se generaron este año 50.000 empleos directos, creció la producción de insumos y se generaron 6 millones de viajes de camión para levantar la nueva cosecha. “El campo mueve economía de manera brillante”, asegura Luis Miguel Etchevere, presidente de la SRA devenido en ministro de Agroindustria de la Nación, para quien “todas las economías regionales están mejorando al ganar productividad”.

El semáforo de la economía 2017

Rojo: Sustitución de importaciones. Los rubros más sensibles de la industria como Textil y Calzado, entre otros de alta demanda de mano de obra pero baja competitividad, siguen cayendo. Alerta en el sector.

Amarillo: Lácteos. Aunque el sector es competitivo a nivel estructural, algunas reglas de juego dificultan su funcionamiento. Impacto negativo por la situación de SanCor.

Amarillo: Industria. Los sectores industriales vinculados a Agro, Construcción, Pesca y Petroquímica tuvieron crecimiento. Hacia mitad de año mejoró la Industria Automotriz.

Amarillo: Comercio. Aunque repuntó hacia fin de año, sigue teniendo un comportamiento errático. El consumo mejoró, pero aún no retoma los niveles de 2015.

Verde: Construcción. El sector tuvo un fuerte impulso, que estuvo motorizado particularmente por la obra pública y la edificación de alta gama con dinero del blanqueo de capitales. Se espera un mayor dinamismo para 2018 de la construcción privada.

Verde: Finanzas. Otro de los ganadores del nuevo modelo. Con nuevos instrumentos para el ahorro y un mercado más previsible, el mercado financiero tuvo un importante crecimiento.

Verde: Agro. Después del primer impulso por las medidas iniciales del Gobierno de Mauricio Macri para el sector, este año hubo un récord de cosecha. Además, aumentó la producción y exportación de carne. El año que viene el crecimiento será menor.

Solo una mancha que impidió que 2017 redondo: las inundaciones que afectaron a productores de la región centro. “La inversión de los productores estuvo. Nosotros tenemos el riesgo climático y el de mercado. Si algunos campos tuvieron un metro de agua y no se pudo cosechar, es parte de la actividad. Nos tiene que servir para que se concreten las obras. Hay obras de dragado que tardan tres o cuatro años. Es una realidad que no se puede acelerar”, aclara.

¿Qué puede pasar en 2018? Varios especialistas aseguran que mejorará el mercado de la soja, porque empieza a regir la baja escalonada de las retenciones a esos granos.

Pero, a diferencia de otros sectores, en el Agro se ve un crecimiento puro y sin rebote, porque hasta 2015 el único subsector que crecía era el de la soja. A partir del año pasado y de este, cuando se liberaron los ROE, otros productos empezaron a crecer. Maíz, trigo y carne casi no se estaban produciendo durante la década anterior. Por eso toda producción nueva en esas actividades es un crecimiento real y genuino. Sin embargo, cabe aclarar que a partir del próximo año los crecimientos no serán tan pronunciados como los últimos dos.

¿Qué es lo que le falta hoy al sector? “Estamos trabajando en mesas donde están los distintos eslabones, para trabajar con los gremios, poder ir viendo cuestiones fiscales; estamos impulsando el mercado de futuro de hacienda. Hay otra mesa de la cadena de foresto-industrial, en donde podemos generar 200.000 empleos… se trata de ir sacando los palitos chinos que están impidiendo que actividades generen más actividad e ir promoviendo estándares de producción, costos y logística similares a nuestros competidores”, dice Echevere. En ese sentido, es fundamental poder mejorar la infraestructura para poder seguir “expandiendo la frontera”, a través, por ejemplo, de la ampliación del Belgrano Cargas.

Ahora bien, los expertos también miran la evolución de algunos subsectores que están atravesando mayores dificultades, como la manzana en Río Negro y la pera en el Alto Valle. Otra actividad que está pasando un mal momento es la láctea, que se resintió con la situación de SanCor.

“El desafío es tener condiciones similares a la de los países que compiten con nosotros –dice Etchevere–, para que nuestros productos se puedan colocar en la mayor cantidad de góndolas de los países que nos compran y de esta manera generar más inversión, empleo y arraigo en los lugares en que producimos”.

Construcción: del boom público al privado

Es uno de los puntales de recuperación. Lleva seis meses creciendo por encima del 10 por ciento. Y tiene un panorama grande por delante. “Va a ser uno de los sectores que va a impulsar el crecimiento en los próximos años”, opina Sica. Fundamenta esta percepción en que la Argentina tiene un déficit de infraestructura fortísimo que requiere un nivel de inversión sobre PBI de 4 por ciento anual. En 2017, recuperación mediante, se llegó apenas al 2 por ciento. Es decir, hay mucho margen para crecer.

Si bien la construcción privada creció también este año, el gran dinamizador del sector fue la obra pública, que creció al 30 por ciento respecto del año pasado; la privada creció un 10 por ciento.

En 2018, la inversión pública bajará un poco. Se sabe que los años electorales el Estado siempre invierte más. Sin embargo, los analistas creen que esto será compensado por la inversión privada que tendrá algunos incentivos especiales: los créditos hipotecarios para vivienda y participación en infraestructura para Energía y escuelas, entre otros. Hacia fin de 2018 también puede llegar a impulsar el crecimiento del sector el esquema de Participación Pública-Privada (PPP) en obra pública, una herramienta que el Gobierno viene promoviendo pero que todavía avanza a muy lento en su implementación.

En 2017 se construyeron principalmente grandes edificios para sectores de alta renta, a partir de dineros fundamentalmente provenientes del blanqueo de capitales. Se espera que en 2018 aumente la construcción de viviendas para las clases medias (factor crédito) e incluso para las bajas (vivienda social). Es decir, si este año se construyó como inversión o para “ahorro en ladrillos”, el que viene se construirá para subsanar la demanda habitacional insatisfecha.

La industria, ecléctica

La industria también está en proceso de recuperación, aunque los índices aún no son tan favorables como los de otros sectores. En mayo tuvo su primer crecimiento después de 23 meses, aunque los analistas todavía hablan de “rebote” y no de “expansión”.

Es importante tener en cuenta de que este sector es muy amplio y tiene en su interior diversidad de situaciones, por lo que no se lo puede catalogar de una única manera. En el crecimiento –o rebote– está traccionando a favor de actividades como Pesca o Petroquímica, actividad muy ligada a sectores energéticos y de insumos para la construcción. También se observa una recuperación en el sector automotriz, que volvió a crecer gracias a que se estabilizó la situación económica en Brasil. En este último caso, si bien la industria tiene cierta capacidad ociosa ya se empiezan a ver las primeras inversiones fuertes.

Se ve, además, un crecimiento real en lo que tiene que ver con industrias vinculadas al Agro, producto de la expansión general del sector primario y por la diversificación de la producción: si la esta tiende a ser de un monocultivo, las industrias relacionadas solo producen para un momento del año. En cambio, si se diversifica, también lo hace la maquinaria agrícola.

También se ve un crecimiento en el sector industrial vinculado a la construcción, que tiene un ciclo muy largo. Ese crecimiento será visible en 2018.

Según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la producción de las pymes industriales creció 3,6 por ciento en agosto, frente a igual mes del año pasado. “La mejora en la demanda interna y el repunte en sectores como Agro, Construcción e Industria Automotriz están traccionando sobre el resto de la economía”, sintetiza el presidente de CAME, Fabián Tarrío. Pese a esta mejora, la actividad acumula una caída de 1,4 por ciento en los primeros meses del año.

En cambio, otras actividades como Textil, Calzado y Marroquinería siguen en negativo y los analistas no son optimistas. “Hay sectores que se recuperaron como Construcción, Inmobiliario, Automotriz y Autopartistas… Y estos marcaron un crecimiento porque tienen fuerte presencia en el índice que se toma en cuenta para la actividad industrial”, explica Marcelo Fernández, presidente de la Confederación General Empresaria de la República Argentina (CGERA). “Pero lo sectores manufactureros y los sensibles a las importaciones no vemos una reactivación, sino un aumento de las importaciones, por ejemplo, en Marroquinería de un 41,5 por ciento interanual, en Calzado un 25 por ciento y en Textil había un 64 por ciento y ahora se está bajando a 56 por ciento.”

“Los grandes importadores vieron facilitadas sus importaciones. Sabemos que muchos de los productos que nosotros fabricamos son más baratos en otras partes del mundo. Pero nosotros nos fuimos tecnificando y creemos que son sectores a proteger porque son grandes dadores de mano de obra”, dice Fernández.

El sector Textil es el que está más complicado porque tiene serias dificultades para competir contra productos importados. “Hay un gran desafío de reconversión. La Argentina tiene capacidad de crecer en lo que tiene que ver con la creación de marcas, diseño e incorporación de tecnología”, dice Sica. Esto permitiría abastecer demanda local e incluso exportar.

En lo que tiene que ver con la producción en sí estará más complicado estructuralmente porque se requiere de más capital intensivo y enormes volúmenes para ser competitivos. “El Textil es un sector desacreditado en el mundo en que hasta los Estados Unidos tiene dificultades para competir”, asegura Fernández. “La clave es protegerlos un tiempo más a estos sectores”, dice.

En el Metalúrgico –otro sector “sensible”– se ha visto alguna recuperación este año, aunque sigue por debajo de los valores de 2015. Aldo Lo Russo, secretario General de la Cámara de Pequeñas y Medianas Industrias Metalúrgicas (Camima), asegura que la situación sigue complicada. “Producimos un 30 por ciento menos que en 2015 y se dejaron de fabricar las líneas de productos masivos que, en nuestros caso, son commodities”, dice.

¿Por qué su actividad no termina de recuperarse? Por un lado, apunta a la falta de cumplimiento por parte de las automotrices y, por otro, a la baja del consumo local. Sin embargo, asegura que el sector prevé inversiones 2018: “Pero no será significativa porque tenemos una capacidad ociosa del 35 por ciento”.

¿Qué necesita el sector para volver a crecer? Según Lo Russo, es clave que mejore el consumo interno, que el Estado administre el comercio exterior, que bajen las tasas de interés e invertir en innovación tecnológica. ¿Cómo está la relación con el Gobierno? “Se sigue trabajando sobre temas como las normas técnicas para atenuar la apertura comercial. La relación sigue siendo cordial pero sin respuestas concretas”, dice. Lo cierto es que su actividad necesita del apoyo estatal para poder sostenerse.

Comercio y consumo

Todas las actividades vinculadas al consumo fueron las más castigadas durante 2016 y la primera mitad de 2017. Esto se vio especialmente en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano. “En el interior el impacto de la baja del consumo fue mucho menor. Donde más impactó esta baja fue en el Conurbano Sur que hay más informalidad y donde más impacta el aumento de tarifas”, dice Sica. A eso se sumó a que en el interior la economía creció más rápido por los incentivos al Agro, mientras que en el Conurbano se resintió por los problemas de la industria.

De acuerdo con la última medición de Kantar, en agosto hubo una caída del consumo del 2 por ciento y la estimación es que en septiembre habría aumentado muy levemente. El año cerraría con una disminución del 2 por ciento.

Sin embargo, en la segunda parte del año el comercio se estabilizó y está creciendo el empleo. “Lentamente y con comportamiento dispar, el comercio comenzó a moverse con más entusiasmo en la segunda mitad de este año. Los consumidores volvieron al mercado con la ayuda del regreso de las cuotas sin interés, las promociones y las mejores perspectivas económicas hacia adelante. También colaboró la recuperación del empleo en algunos sectores”, explica Vicente Lourenzo, presidente del sector Comercio de la CAME.

Claro que no se verá ni este año ni el que viene el boom de consumo que se vio durante la década pasada. En la actualidad, el consumidor cuida más la plata y tiene más instrumentos de ahorro, sumado a la vuelta del crédito hipotecario. Es decir, si hace tres años la plata “quemaba” en el bolsillo, hoy hay más formas de pensar a largo plazo; eso necesariamente afecta al consumo.

Por otro lado, el consumidor está más atento a los precios porque aparecen algunos parámetros  (por la baja de la inflación) más la posibilidad de comprar –y comparar– por Internet. “La confianza delconsumidor (UTT) subió en septiembre 7,2 por ciento frente al mes anterior. Aún está por debajo de 2015 pero en niveles más cercanos”, opina Damian Di Pace, de Focus Markets.

Estos cambios en los patrones de consumo hacen que en algunos rubros, como el de los hipermercados, la actividad no termine de repuntar. Si antes el consumidor elegía en función de los descuentos (que mayoritariamente ofrecían las grandes cadenas), hoy compara precios y compra en los comercios de cercanía, mayoristas o por Internet. Ese corrimiento es importante a la hora de analizar la evolución de cada uno de los rubros.

“El almacén de barrio y los mayoristas siguen siendo los ganadores del Consumo Masivo en el acumulado del año, pero en el caso del autoservicio desacelera su caída, y los hipermercados después de año y medio de brusca caída empiezan a mostrar números positivos en septiembre”, analiza Di Pace. “Hay un consumidor con comportamiento dual que vuelve a aprovechar las ofertas por volumen los fines de semana en grandes superficies. Por otro lado, tenés un consumidor de reposición y necesidad que tiene que ver con la recuperación del poder adquisitivo en los distintos sectores socio-económicos que actúan de acuerdo a su administración del gasto de manera diferente.”

Por último, el comercio sigue afectado en las zonas de frontera, porque los habitantes de provincias que limitan con Chile o Paraguay están eligiendo ir a abastecerse a países vecinos.

“En el Comercio, la situación fue muy desigual, dependiendo de las zonas, barrios y rubros. Los comercios de ciudades cercanas al Agro pampeano que no tuvieron inundaciones fueron los primeros en repuntar. Pero los localizados en zonas inundadas la pasaron muy mal. Otros rubros comerciales que tuvieron un año mejor al resto fueron: Materiales Eléctricos y para la Construcción, Muebles, y Alimentos y Bebidas cuando se toma en conjunto la venta minorista y mayorista”, explica Lourenzo. Las perspectivas para 2018 son un poco mejores. “Esperamos un repunte de la actividad superando los niveles alcanzados en 2016 y 2017, que recupere parte de la rentabilidad perdida”, concluye.

Energía y Minería

Energía tiene algunos componentes particulares porque tiene en su poder la posibilidad de dinamizar o trabar el crecimiento de otras industrias. La Argentina tiene desafíos importantes en los tres grandes eslabones de este sector: generación, redes y transporte.

“El gas viene creciendo y va a seguir creciendo, pero hasta 2020 no vamos a tener los niveles de producción que teníamos. El petróleo no está creciendo pero está tocando piso y empezará a crecer el año que viene; es un sector de plazos largos de inversión y con precios que no ayudan”, dice Spotorno.

La estrella del sector, aun con volúmenes bajos, sigue siendo la energía renovable. “La Argentina tiene como objetivo alcanzar el 8 por ciento de uso de energías renovables antes de 2018 y el 20 por ciento antes de 2025. Si bien vamos por muy buen camino a la hora de cumplir nuestras expectativas, aún hay desafíos y retos por afrontar”, explica Rosa Elswood, directora de Programa de AIREC 2017. “El sector de Energía Solar y Eólica tiene una gran oportunidad de expandirse, dado que la Argentina es reconocida a nivel mundial por sus vientos: el 70 por ciento del país tiene una velocidad eólica de 6m/s y en la Patagonia llega a 9 m/s, lo que ofrece una oportunidad inigualable”, agrega.

“Tenemos confianza e ilusión en que 2018 será el año de las energías renovables, que lograremos cumplir nuestros objetivos y que los diferentes players de la industria saquen el mayor provecho de los recursos naturales. Necesitamos incrementar la confianza de los inversores y trabajar en conjunto para demostrar que la Argentina es un país que posee grandes oportunidades para este sector”, concluye Elswood.

Aunque aún con volúmenes incipientes, empezará una movida en materia de energías renovables para que la gente pueda generar electricidad en su propia casa y vendérsela al sistema.

Minería, con muchas críticas, es un sector que está despegando y está tercero en materia de anuncios de inversión. Sin embargo, persisten las quejas de que, pese a la baja de retenciones, no está contratando personal. Las mineras aseguran que generan empleo indirecto y que sin aquellas bajas de retenciones hubieran tenido que despedir personal.

Según datos de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM), en 2017 se anunciaron inversiones para proyectos en etapa de factibilidad y de construcción por US$ 825 millones, y US$ 320 millones en los de exploración. En 2018 están previstas inversiones por US$ 1700 millones que abarcarán yacimientos de oro, plata, cobre y litio.

Desde la cámara explicaron que estas cifras “corresponden a nuevos proyectos, por lo que no incluyen las inversiones de yacimientos en producción, que están realizando inversiones en exploración para extender su vida útil”.

Finanzas y actividad económica

Finanzas es otro sector que tuvo un gran crecimiento en los últimos dos años y promete seguir creciendo. “Hasta ahora, los bancos prestaban fundamentalmente a los clientes de bajo riesgo y con amplios márgenes por la inflación: básicamente a gerentes que tenían tarjetas black. Cuando la inflación baja, estás obligado a salirte de esa cartera de préstamos y de prestarle más a la clase media con más volumen, menos margen y más riesgo. Esto va a aumentar los volúmenes financieros y ampliar el sistema”, dice Spotorno.

2018 es un año donde se juega el programa económico tanto en lo que tiene que ver con lo macroeconómico como en la competitividad y en que habrá que ver si el Gobierno logra impulsar o no ciertas reformas estructurales que se le están reclamando desde el mundo de los negocios.

Esto tiene que ver, básicamente, con mejorar la competitividad y disminuir el llamado “costo argentino. “Hay que ver si podemos terminar con el fenómeno que vemos hace unos años que se recupera un año y luego vuelve a caer. Para eso la clave es el paquete de reformas. El Gobierno hasta ahora dio los lineamientos para la normalización de la economía. La macro normalizada es una condición necesaria pero no suficiente para ver si podemos tener un crecimiento sostenible”, opina Sica.

“Y, para eso, hay que avanzar sobre las cuestiones estructurales que impiden tener una tasa de inversión más alta, una recuperación del empleo más fuerte y un sostenimiento de la actividad”, agrega. Entre estas cuestiones incluye trabajar sobre reformas fiscales, presión tributaria, impuestos distorsivos, techo de gastos provinciales y nacionales; y además poner foco sobre la agenda de competitividad: costos directos e indirectos sobre el salario, mercado de capitales y maduración de programas de infraestructura. “La clave es discutir una agenda de competitividad, tanto en lo fiscal como en lo sistémica. Hay que bajar el costo argentino. Si el Gobierno se queda cruzado de brazos, se crece en 2018 pero al final termina siendo el vuelo de la gallina”, concluye.

PABLO WINOKUR

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