El CEO que soñaba con jugar en la Selección pero vio la roja antes de tiempo

El CEO que soñaba con jugar en la Selección pero vio la roja antes de tiempo

Dobermans con correa corta. Guardias armados con kalashnicovs. Y una botella de cognac francés, con la que él había llegado a la oficina y que, a la media hora, ya estaba por la mitad. Ricardo Darré argentino, por ese entonces, con una década al servicio de Total se había apersonado en las oficinas de KomiTEC, petrolera rosa con la que el grupo francés compartía la superficie de un yacimiento en el área ártica de Kharyaga, con una propuesta: ofrecer el servicio médico de emergencia que había montado en las semanas previas, a cambio del uso de camiones y grúas que eran propiedad de su vecino.

Darré expuso sus razones durante 30 minutos. De repente, su anfitrión que había escuchado en silencio, mientras degustaba el obsequio del visitante lo interrumpió. «No hablemos más», le dijo. «No voy a prestarles la maquinaria. Y, la verdad, los servicios médicos no me interesan porque la salud de los operarios no es lo nuestro. Pero les hago un favor: los voy a dejar trabajar. Porque todo lo que construyan, en nueve meses, va a ser mío», justificó por qué, para KomiTEC empresa suyo control se disputaban dos bandas de la mafia rusa, la de Total era una oferta muy fácil de rechazar.

«Ésta era la negociación con los rusos», contaba Darré, quien no dudaba en afirmar que su paso por Moscú en los albores del régimen de Vladimir Putin (2000 a 2002) había sido el trabajo más difícil que le había tocado en su carrera profesional.

Ingeniero químico e industrial ambos diplomas, obtenidos en paralelo en el ITBA, nació en Buenos Aires el 19 de julio de 1961. Criado en Campana, donde su padre fue director de planta de Cabot, una petroquímica lindera a la entonces refinería de Esso, retornó a la Capital a los 10 años. Con un breve paso por Boston adonde su padre había sido momentáneamente transferido, hizo el secundario en la Escuela Argentina Modelo. Dio los últimos exámenes en la facultad mientras cumplía con el servicio militar.

Una presentación en la que le contaron que, en lo más alto de Schlumberger, había un argentino llamado Roberto Monti, encendió en él cierto interés por la industria petrolera. Lo confirmó después, cuando, entre un empleo de escritorio, saco y corbata en IBM, y otro en un campo petrolero en el exterior con una paga seis veces superior, definió quién sería su primer empleador. Había 100 candidatos en la sesión de reclutamiento de Schlumberger a la que se presentó. Quedaron tres. Festejó la Navidad y recibió 1985 en Malargüe. El training continuó en los Emiratos Árabes, durante tres meses en el campo.

Ya formado, Angola fue su primer destino. Estuvo un año, alternando trabajo en tierra con plataformas off shore. Vivía en una base: 800 personas, protegidas por cerco perimetral, guardia militar y toques de queda entre las 8 de la noche y las 6 de la mañana. Su siguiente escala, el Zaire (actual República Democrática del Congo). Una caída del precio del petróleo hizo que Schlumberger relocalizara a cada uno en su país natal. Darré aterrizó en Neuquén. Tres años después, renunció. Tuvo un fugaz paso por Unilever hasta que, a través de un aviso en el diario, aplicó a una búsqueda en Total. Sala de embarques para pozos marítimos en Tierra del Fuego, primero, y conexión con otro despegue internacional. El itinerario incluyó ascendentes posiciones en Francia, Tailandia, Buenos Aires, Noruega, Rusia, Escocia dirigió operaciones en el Mar del Norte y Francia. En París, como jefe global de Perforación y Pozos, manejó un presupuesto de inversiones que, entre 2011 y 2014, escaló de u$s 6000 millones a u$s 10.000 millones.

Homónimo del ministro argentino de Adolfo Hitler un karma que lo persiguió toda su vida, confesó, ya que no tienen parentesco, Darré está casado con una uzbeka criada en la Argentina y tiene tres hijos, grandes, repartidos entre Francia y los Estados Unidos. Fanático de las motos y coleccionista de estampillas, trabajaba como CEO de las actividades de Upstream de Total en Houston y el Golfo de México, cuando, a mediados de 2016, sonó su teléfono. Los headhunters de Egon Zehnder habían puesto la mira sobre él. La ida de Miguel Galuccio requería un gerente general para la nueva estructura, más colegiada, con desdoblamiento de las funciones de presidente y CEO que había encarnado El Mago, que el gobierno de Mauricio Macri quería implementar en la petrolera de mayoría estatal. «Me ofrecieron jugar en la Selección. Venía hasta de aguatero», respondía él, acerca de por qué no dudó en aceptar.

Darré asumió el 1º de julio de 2016, cumplida la primera mitad del ejercicio. La empresa finalizó el año con un crecimiento de 34,6% en facturación, a $ 210.100 millones. Pero, con producción declinante, su resultado neto cayó 741,2%, a $ 28.379 millones, pese a que el ebitda indicador operativo fue 22,4% superior ($ 58.200 millones). En el primer semestre de 2017, YPF incrementó 17,5% sus ingresos, a $ 117.165 millones. Su ebitda mejoró 11,2% interanual. Pero el resultado neto se desplomó 67,6% contra el de un año antes, a $ 6.414 millones.

«Motivos personales», informó la petrolera acerca de su renuncia. Eufemismo detrás del cual se especuló mucho. Se habló de una mala relación con el presidente de la compañía, Miguel Gutiérrez. También, de cierto disgusto del Gobierno por la performance de la petrolera. O que sus ideas, tanto acerca del rumbo estratégico de YPF Darré creía que debía estar más orientado al shale que a destinar recursos a los yacimientos maduros convencionales, tal cual sostienen consejeros de Mauricio Macri, como de su propia función adentro de la empresa, no coincidían con lo que el accionista controlante esperaba de él.

Se encerró cada vez más en sí mismo; no había relación con la Casa Rosada, describe un frecuentador de lo más alto de la torre de Puerto Madero. Aclara que el vínculo entre Darré y Gutiérrez no era malo. Pero reconoce que el perfil del renunciado y, fundamentalmente, su estilo de liderazgo no resultaron los mejores para conducir a la empresa.

¿Pretendió ser autónomo y más expansivo? ¿O terminó siendo lo opuesto, como sugieren hoy algunas fuentes de la compañía? Lo cierto es que Darré no ocupa más la oficina en el piso 32, a la que llegó hace 14 meses. «No se pudo entregar a estos destinatarios o grupos», rebotaba cualquier mail enviado ayer a la casilla del CEO que se dio el gusto de vestir la camiseta de la Selección. Pero vio la roja antes de tiempo.

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