Del “Cuando China despierte”, al “China resiste”. La larga marcha hacia el control del oro

Primero fue Napoleón Bonaparte quien vaticinó, “Cuando China despierte…”, hace ya más de 200 años. Después, en 1975, el político y escritor francés Alain Peyrefitte escribió un gran estudio sobre el mismo país asiático bajo el título de la frase que predijo Bonaparte en 1803, “Cuando China despierte”.  Y China despertó para, entre otras conquistas, enfrentarse un reto mucho más grande que el de la construcción de su Gran Muralla: el control del oro de la Tierra.

 

Mao Tse Tung, como prefieran, dijo «China es un gigante que se ha puesto de pie, nunca más será arrodillada«. Y a fe que se tomó la frase al pie de la letra.

Hoy en día no solo sigue en pie, sino que resiste de una manera colosal. Sí, China resiste.

Quién me iba a decir a mí que podría algún día redactar unas elogiosas palabras sobre el país que padece una de las mayores y más férreas dictaduras del mundo, adornada convenientemente con osos Panda, teléfonos móviles y todo tipo de electrodomésticos, además de ser capaz de inundar los mercados de ropa de vestir y calzados occidentales con millones de prendas de regular calidad, pero muy baratas.

Cuando aún resuena por doquier el sonido de las balas del Ejército Popular, disparadas indiscriminadamente sobre una alborozada población juvenil de estudiantes y obreros, concentrados en la plaza de Tiananmén​ o plaza de la Puerta de la Paz Celestial el 4 de junio de 1989. Cuando no se borrará nunca la imagen de un solitario ciudadano obstaculizando el avance de un mamotétrico carro de combate y la columna de tanques que iba detrás. Cuando sigue prohibido el acceso libre a Internet, el gobierno chino se esfuerza en concentrar su poder económico en el oro y sobre su control.

Sí, China resiste a los envites comerciales, a la “guerra” de aranceles con los que bombardea Estados Unidos, con los que continuamente desafía Donald Trump a una población de más de 1.300.000 millones de habitantes. Y aguanta en el terreno que los hijos del Tío Sam han librado y ganado mil batallas, en el económico.

El todopoderoso Banco Popular de China atesora en sus reservas de divisas internacionales millones y millones de papel moneda estadounidense. Miles de millones de dólares verdes, a los que, además hay que sumar otros tantos miles de millones en deuda pública, en bonos del Tesoro emitidos por la Fed.

¿Se imaginan si en un contraataque de Xi Jinping contra Donald Trup, el primero sacara al mercado parte de esos dólares o de su contrapartida en bonos? Sería terrible para la economía del hasta ahora país más poderoso de la tierra.

Y eso que hace tiempo que las autoridades de Beijing dejaron de comprar toneladas de papel, que al final no es más que eso, papel, para reforzar sus “poderes” con algo tangible, sólido, duradero y tan fácilmente convertible: el oro.

Sirvan solo unos pequeños datos adelantados de un próximo artículo que se publicará el viernes en estas mismas páginas: el Banco Popular de China aumentó sus reservas de oro con 61,61 millones de onzas en mayo. Es decir, un aumento de 15,86 toneladas, después de que casi 58 toneladas que se agregaron a las reservas chinas en los tres primeros meses del año 2019 hasta abril. A este ritmo de acumulación, China podría comprar 150 toneladas en 2019.

El pasado año, China produjo 400 toneladas de metal precioso y consumió 1.150 toneladas, en solo un año.

A este paso…, lo dicho. China resiste y, además de vencer en el terreno del metal dorado, convence. Atentos, si no, a la celebración el próximo año del IV Congreso de Oro y Expo 2020, que tendrá lugar en julio en Beijing.

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