¿Cómo puede la acción climática y de biodiversidad generar una recuperación sostenible post COVID-19?

América Latina y el Caribe enfrentan tres desafíos: el COVID-19, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. La región es una de las más afectadas por la pandemia y afronta una contracción económica del 7,4%. Ahora mismo, nos encontramos en el año más cálido y en la década más cálida que ha experimentado la humanidad. Hemos visto que los huracanes Eta e Iota devastaron la vida de más de tres millones de personas en Centroamérica.

La expansión de la infraestructura y de la agricultura aumentan la pérdida de hábitats y especies, y el cambio climático amenaza directamente a los bosques y arrecifes de coral ricos en especies. La recuperación sostenible ofrece una oportunidad para abordar todos estos desafíos; nos encontramos en medio de una oportunidad única para un cambio transformador. Aprovechar esta oportunidad requerirá una visión a largo plazo, con enfoque a nivel de todo el gobierno. Pero esa forma de pensar traerá más beneficios que costos y garantizará que la región no se quede, una vez más, rezagada con respecto al resto del mundo.

Las estrategias de descarbonización a largo plazo pueden conducir al cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París

El Acuerdo de París y la Agenda 2030 exigen un pensamiento transversal y de largo plazo para responder a las necesidades fundamentales de las personas. El Acuerdo de París busca garantizar la consideración a largo plazo de la adaptación y la resiliencia y lograr el cero neto para 2050. La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecen metas claras que se deben alcanzar para 2030 a través de un enfoque integrado que abarca la energía, el transporte, el agua y el uso del suelo. Tanto el Acuerdo de París como los Objetivos de Desarrollo Sostenible necesitan implícitamente un enfoque a largo plazo y a nivel de todo el gobierno.

Por ejemplo, el plan de descarbonización de Costa Rica impulsa el cumplimiento de los compromisos de París y los ODS, involucrando de manera transversal a todo el gobierno e incluyendo acciones para mejorar la conservación de la biodiversidad. El plan Roof to Reef de Barbados abarca la vivienda, el agua y la biodiversidad para ofrecer una solución de resiliencia a largo plazo para el país. Costa Rica y Barbados están planeando más allá del horizonte temporal de un solo gobierno y están promoviendo la agenda de cambio transformacional desde el gabinete.

Los tipos de descarbonización transformacional y cambios de resiliencia descritos en los ODS y el Acuerdo de París traerán beneficios netos a los países. La descarbonización de la economía regional significará 15 millones [DR2] de nuevos puestos de trabajo netos. La descarbonización en Costa Rica traerá US$41 mil millones en beneficios netos al país para 2050.

La generación de energía renovable ya es más económica que la generación de combustibles fósiles. También contamos con una cantidad sustancial de herramientas que pueden aumentar la resiliencia. Las inversiones en mecanismos innovadores, como las transferencias monetarias dirigidas a comunidades vulnerables, pueden ayudar a mejorar la resiliencia ante futuras crisis. Pero esto no es todo.

La adopción de energía renovable y movilidad eléctrica generará beneficios para la salud, incluyendo una menor contaminación en las ciudades y una reducción del estrés y el tiempo perdido en la congestión vehicular. Una planificación integral del desarrollo que considere la biodiversidad también nos permitirá maximizar los servicios ecosistémicos que surgen del capital natural, asegurando la salud a largo plazo de los sistemas agrícolas, los empleos en el sector de turismo, y las funciones de resiliencia y mitigación de las soluciones basadas en la naturaleza.

Una recuperación ecológica, inclusiva y resiliente tiene sentido desde una perspectiva económica

La última razón para hacer énfasis en la relación entre la recuperación del COVID-19, el clima y la biodiversidad es asegurar que la región y su gente no se queden rezagados. Las empresas de combustibles fósiles con pensamiento progresista ya están contemplando su futuro como empresas de energía renovable. Las tecnologías innovadoras, como el hidrógeno verde y las baterías, cambiarán lo que conocemos de la energía, el transporte y la logística.

Lamentablemente, el mundo desarrollado está tratando de evitar activos abandonados trasladando sus tecnologías obsoletas, como las plantas de generación de carbón, petróleo y gas y las fábricas de motores de combustión, al mundo en desarrollo. Los inversionistas juzgarán los proyectos futuros por el rendimiento de la inversión y su capacidad para abordar los riesgos de sostenibilidad. Estos riesgos vendrán en forma de riesgos físicos de desastres y cambio climático y en riesgos de transición, creados a medida que la tecnología, el mercado y los cambios de políticas transformen los contextos de negocios. Será esencial evitar hoy inversiones que puedan convertirse en activos abandonados en el futuro, por ejemplo, plantas de carbón que no pueden producir energía a precios competitivos.

Aparecerán nuevas oportunidades de financiamiento del sector privado a través de taxonomías de inversión sostenible y bonos con temas de sostenibilidad, y las compañías de seguros ya están huyendo de los sectores de mayor riesgo, incluyendo el carbón, el petróleo y el gas. Finalmente, aparecerán nuevas oportunidades de creación de empleo basadas en energías renovables, electromovilidad y soluciones basadas en la naturaleza que, juntas, harán que las ciudades sean más habitables y mejorarán la vida de las personas.

¿Qué está haciendo el BID desde la perspectiva del cambio climático para ayudar a los países a lograr una recuperación sostenible e inclusiva post-Covid 19 en América Latina y el Caribe?

Nuestro nuevo Plan de Acción de Cambio Climático 2021-2025 (PACC) integra la perspectiva de recuperación sostenible. El plan establece un enfoque relevante para incorporar aún más el cambio climático y la sostenibilidad en el trabajo del Grupo BID, a fin de tener un impacto duradero a medida que la región intenta reconstruir de manera más sostenible.

Además, presenta muchas de estas oportunidades como un menú de acciones para los países. Algunos países latinoamericanos ya están mostrando el camino. Costa Rica lidera en descarbonización, Chile en bonos verdes soberanos, Barbados en resiliencia y adaptación, Colombia en biodiversidad en ciudades, Brasil y México en infraestructura sostenible y finanzas sostenibles. El plan muestra cómo la región puede responder al desastre del COVID-19 e impulsar positivamente las agendas del clima y la biodiversidad. El plan de acción también describe cómo utilizamos el financiamiento concesional para promover cambios en la inversión pública y privada y movilizar capital privado para la transformación.

Si bien la pandemia aún está afectando fuertemente la región, los países de América Latina y el Caribe deben comenzar a planificar sus estrategias de recuperación considerando los objetivos de cambio climático y biodiversidad. En el BID, el PACC es una herramienta para orientar el apoyo del Banco a los países para asegurar un desarrollo sostenible e inclusivo y mantener una acción climática ambiciosa.

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